Los créditos de carbono son unidades estandarizadas que representan la reducción, evitación o eliminación de una tonelada métrica de gases de efecto invernadero (GEI) de la atmósfera, funcionando como un mecanismo de compensación donde proyectos sostenibles (reforestación, energías renovables) generan créditos que empresas contaminantes compran para compensar sus emisiones, ayudando a cumplir metas climáticas y financiando la transición a una economía baja en carbono, aunque su integridad y medición son temas cruciales y a veces controvertidos.
¿Cómo funcionan?
- Generación: Proyectos (forestales, energéticos, agrícolas) implementan medidas que reducen o capturan GEI, y son medidos, verificados y certificados por entidades externas.
- Comercialización: Se venden en mercados de cumplimiento (regulados) y voluntarios (donde empresas compran para sus compromisos internos).
- Compensación: Una empresa que emite CO₂ puede comprar créditos para equilibrar su huella, invirtiendo en proyectos que actúan como “sumideros” o evitan emisiones.
Tipos de proyectos
- Evitación: Evitan que los GEI lleguen a la atmósfera (ej. protección de bosques, uso de estufas eficientes).
- Eliminación (Secuestro): Capturan GEI ya presentes (ej. reforestación, captura directa de aire).
- Basados en la Naturaleza (NbS): Reforestación, agricultura de conservación que captura carbono en el suelo.
- Tecnológicos: Energía renovable, captura de metano.
Importancia y desafíos
- Fomentan la acción climática: Incentivan inversiones en tecnologías y prácticas sostenibles.
- Integridad: Es fundamental que los créditos sean “adicionales” (la reducción no habría ocurrido sin el crédito) y que no haya dobles conteos, algo que ha generado controversia, como en algunos proyectos forestales.
- Mercados en Argentina: Argentina cuenta con una estrategia nacional y plataformas (como la Bolsa Argentina de Carbono) para desarrollar estos mercados.